Vida después de la muerte

“Soy viejo, eso significa que he perdido un montón de personas que he conocido y querido. He perdido a mis mejores amigos, conocidos, compañeros de trabajo, abuelos, madre, familiares, profesores, estudiantes, vecinos y muchas otras personas. No tengo hijos así que no puedo imaginarme el dolor que supone perder uno, pero voy a intentar aportar mi granito de arena.

Me encantaría poder decirte que uno se acostumbra a ver la gente morir. Yo nunca lo he hecho. No quiero. Se me hace una herida nueva en el corazón cada vez esto ocurre, pero estas heridas son un testimonio del amor y la relación que tenía con cada persona. Ser herido, curarse, seguir viviendo y queriendo.

Con respecto a la tristeza, sentirás que tu barco se hunde, en ese naufragio lo único que puedes intentar es mantenerte a flote. Durante un tiempo, agárrate a cualquier pieza que esté flotando alrededor y espera a que las olas se calmen.

Al principio medirán treinta metros de altura, vendrán cada pocos segundos y no te dará tiempo a coger aire. Pasará el tiempo, semanas o meses, y las olas seguirán midiendo treinta metros pero vendrán más espaciadas en el tiempo, continuarán rompiendo sobre ti pero entre medio tendrás más tiempo para respirar.

Nunca se sabe qué puede desencadenar el dolor, puede ser una canción, una imagen, un olor, una taza de café… Ten claro que la ola volverá a estamparse contra tu cuerpo. Pero entre cada ola hay vida.

Toma este consejo de un hombre viejo: las olas no pararán y de alguna manera no quieres que lo hagan, aprendes a sobrevivirlas. Si tienes suerte, tendrás un buen puñado de cicatrices de un montón de amores y muchas piezas de naufragios diferentes”.

Transformar para ser feliz: Vida

Elaborar significa procesar, absorber, decodificar o asimilar la ausencia definitiva de la persona amada. No significa insensibilidad ante la muerte, ni olvido inclemente, sino nostalgia pura.

Se fue, pero quedan los momentos inolvidables, la gratitud por haberlos podido compartir, la añoranza limpia de toda ira.

Entre la tormenta y la calma flota la resignación sana del que sabe perder.

Es posible darle un sentido al sufrimiento, hacerlo no es algo sobrehumano al contrario, es algo profundamente humano. Esto no implica que sea necesario sufrir para satisfacer el sentido pero es factible sacar sentido a través del sufrimiento.

Sólo donde somos incapaces de cambiar la situación, nos vemos obligados a cambiar nuestra propia visión, a dar testimonio con este cambio de aquello de lo que sólo el ser humano es capaz: transformar una tragedia personal en un triunfo.

Porque lo que el hombre quiere es tener un motivo para ser feliz. Una vez tiene el motivo, la felicidad llega por sí sola.