¿Educas a tus hijos en el respeto o la competitividad?

EDUCAR EN LA CULPA

¿Educas a tus hijos en el respeto o la competitividad?
La culpa es una emoción que nos avisa de que hemos cometido un error y que nos prepara para un posible castigo.

Este tipo de emoción es una herramienta de castigo heredada generación tras generación y a la que estamos tan acostumbrados que la ponemos en práctica a diario con nuestros hijos sin ni siquiera darnos cuenta. Sin embargo, la culpa impide el correcto desarrollo psicológico y emocional del niños.

Entonces, ¿porqué no debemos educar desde la culpa?

Esta emoción crea una idea de rechazo por parte de la familia o de la sociedad si no se comporta de la manera adecuada, provocando en el una idea de abandono. Además de crear sentimientos de miedo, ansiedad o depresión cuando se alarga esta educación con el tiempo, transformándose en una exigencia excesiva, junto con un autocastigo y una tristeza constante en el niño.

Por otro lado, hay niños que, al contrario de asumir culpa extrema, se niegan a aceptar cualquier tipo de error, derivandolo a su entorno, o a los demás, esto hace que el niño se vuelva inmaduro y no sea capaz de asumir responsabilidades a lo largo de su vida.

Esto causas una importante bajada de autoestima, donde el niño se verá con una valoración negativa de si mismo o tendrá una percepción de sentirse inadaptado dentro de la sociedad o de la familia. Volviéndose demasiado autoexigentes consigo mismos, hipersensible al miedo al rechazo, incapaces de defenderse de las agresiones externas, o por el contrario, individuos incapaces de asumir responsabilidades, que se niegan a disfrutar del momento, que no toleran la frustración, con baja capacidad para empatizar y conflictos con el entorno por el cual se sienten agredidos.

La educación de la culpa se muestra como algo arcaico frente a la educación basada en la razón y la reflexión. Conocer algo en profundidad significar respetarlo. Por lo tanto este tipo de educación debe ser sustituida por la basada en el respeto; ya que la culpa nos bloquea y nos angustia; mientras que la responsabilidad nos ayuda a crecer, a reflexionar y a aprender.

Teresa Montero

Psicóloga infantil en Proceso Terapéutico