Paseos conscientes

Paseos conscientes

            Nos hemos ido acostumbrando al mundo que nos rodea de tal forma que ya no nos parece digno de nuestra atención: un atardecer, el viento acariciando nuestro cuerpo, el canto de los pájaros, la naturaleza y su serenidad… ya no nos resultan interesantes y se han convertido en algo cotidiano. La naturaleza y sus distintas formas son como un telón de fondo que pasa desapercibido para nosotros.

            Este verano te invitamos a que te apoyes en la naturaleza y aprendas de y con ella. Cuando camines por la naturaleza, practica el dejar de lado esa mente crítica y permite que surjan espacios sin juicios. Se trata de trascender nuestro hábito mental -e inconsciente- de etiquetarlo todo.

            Sólo cuando nuestra mente dispersa y ruidosa se aquieta, podemos conectar profundamente con lo que nos rodea. Deja que la naturaleza te enseñe y actúe en ti.

            Para ello, te proponemos que lleves a cabo la práctica informal de pasear conscientemente. Una forma activa de meditar que puedes realizar bien en la playa, en la montaña, en cualquier parque te tengas cerca. Incluso por la ciudad si no dispones de naturaleza “a mano”. Todo vale.

            Meditar mientras caminamos es una de la formas más útiles y básicas de cuidar del cuerpo y la mente. Caminar con atención plena no es caminar artificialmente, forzándote. Tampoco hablamos de caminar lento. Se trata de regalarte 20 minutos cada día para caminar de forma natural, con la diferencia de que prestamos una atención deliberada y curiosa al entorno, a nuestro cuerpo y a nuestro interior. La única intención es ser consciente.

            Plantéatelo como un ejercicio Mindfulness más, tratando de disfrutar el proceso. Sabemos que hacer estos paseos conscientes en un mundo que va aparentemente tan deprisa y pre-ocupado no siempre es fácil. Aquí te ofrecemos algunas sugerencias de cómo hacerlo:

  • Antes de empezar, serena tu mente y tu cuerpoa través de unas respiraciones conscientes. Permite que tu respiración tome su ritmo y se vuelva natural, sin juzgar nada. Luego pasa a registrar tu cuerpo, dándoles la bienvenida a las sensaciones que reconozcas. Entonces empiezas a caminar, con un ritmo más suave al principio.
  • Trae tu consciencia a tu cuerpo y sus movimientos mientras caminas. En forma de anclaje, cada vez que tu mente se disperse conecta con tu cuerpo, con calma y curiosidad. Siente todo lo que naturalmente sucede en tu cuerpo por el hecho de estar caminando, en movimiento.
  • Presta atención a la planta de los pies. Esto suele resultar muy útil cuando hemos pasado al piloto automático y nos hemos despistado. Nota el peso de tus pies, cómo te sostienen, el contacto con el suelo, la sensación de gravedad… Regresa continuamente tu atención a ello para mantenerte presente en cada paso.
  • Camina y deja ir. Reconoce amablemente cualquier sensación o sentimiento de incomodidad, ansiedad o preocupación, física o mental. Al tomar consciencia, poco a poco afloja y suéltalas mientras caminas y avanzas paso a paso.
  • Trata de sentirte cómodo contigo mismo/a, con todo: con tu velocidad, tu respiración, tus pasos, tu postura… Busca un estado de armonía en ti.
  • Apóyate en la naturaleza, en tu entorno. Conecta con la calma que reside en cada forma que te ofrece la naturaleza. El sol, dándose e iluminando sin excepciones; el color -único- de cada flor; el canto armónico de los pájaros; el vaivén de las olas del mar, perfecto, sin apegos… Atiéndelos y déjalos ser como son para poder disfrutar de ellos…
  • Ábrete a ello con todos tus sentidos. Escucha los sonidos, sin etiquetarlos. Incluso cuando aparezca algún pensamiento, date cuenta e inclúyelo como un simple “sonido de tu mente”. Huele y percibo los aromas. Sin etiquetar, únicamente percibe. Observa: objetos, personas, colores… Atento/a y consciente ante lo que se presenta, ante lo que te rodea, estés donde estés.
  • Enfoca tu atención a lo agradable, apreciando la experiencia. Sintoniza con las sensaciones más amables y placenteras que sientas y permítete saborearlas. La “simple” sensación de tu cuerpo moviéndose, el aire rozando en tu piel, la calidez de tu ropa, el ritmo suave de tu respiración, la sensación de estar presente y sentirte vivo/a…

       Recuerda: no hay expectativas, nada que hacer, nada que cambiar… Entrégate a la práctica en sí de estar plenamente consciente, caminando y observando lo que hay a tu alrededor.

            No importa cuánta belleza pueda estar rodeándonos en el mundo, que si no disponemos de paz y quietud en nuestro interior, no podremos verla (y mucho menos apreciarla). Aprendamos a despejar las interferencias de tu mente para poder así escuchar, sentir y disfrutar de la vida, allí donde estés a cada instante.

            En este maravilloso -y no siempre sencillo- camino, te acompañamos de la forma en que tú elijas: con nuestros cursos de Mindfulness -de manera individual o grupal- y/o con prácticas y meditaciones guiadas.

Eduardo Mujica

Psicólogo especialista en Mindfulness