Si tengo éxito en la vida por qué me odio.

Si tengo éxito en la vida por qué me odio.

¿Eres lo que quieres ser en realidad o lo que crees que tienes que ser o quieren que seas?

El autoodio, la autoexigencia, el automachaque… el maltratarnos a nosotros mismos por que no somos aquello que “deberíamos ser”, y nunca llegaremos a serlo… Se instaura en nosotros la creencia de que deberíamos hacerlo todo bien, de que tenemos que ser perfectos. Asentamos estas ideas a modo de creencias y nunca nos es suficiente, hagamos lo que hagamos. Siempre queremos más, mejor. Y no nos damos cuenta que son el miedo y la duda sobre nosotros mismos los que nos impiden ver la realidad.

Una de las ideas más irracionales y generalizadas es el perfeccionismo, el pensamiento de que nunca soy lo suficientemente bueno, materializado en pensamientos como “no puedo equivocarme en esto si quiero triunfar”, “que vergüenza si no se responder a alguna pregunta”, “¿estaré siendo buen hijo/padre/madre?”, maltratándonos ante el más mínimo error, castigándonos con la culpa y el sentimiento de inutilidad, de fraude, que nos inunda a cada fallo, acompañado con el preámbulo del miedo a no hacerlo bien.

Y cuanto mejor puesto de trabajo tenemos, mejores somos en el mismo, cuando mejor nos relacionamos socialmente, cuando nuestras relaciones personales funcionan, más miedo nos da “fallar”, “cagarla”. ¿Podría atender mejor a mis padres?, ¿estaré haciendo lo suficiente por mi relación?, estas preguntas retumban en nuestra cabeza sin darnos cuenta de que no tenemos que ser perfectos, de que la perfección no existe y que, a cada fallo, a cada error, aprendemos.

Entonces, ¿cómo puedo dejar de odiarme a mi mismo?

  1. Ser consciente de estos pensamientos boicoteadores que proceden de las exigencias que nos autoimponemos. Si no reconocemos y aceptamos estos pensamientos, si los rechazamos, nunca podremos ser compasivos con ellos ni con nosotros mismos.
  2. Darnos cuenta de que son nuestros miedos los que nos hablan, el miedo a no ser perfectos, a no cumplir con nuestras propias expectativas ni las de los demás. Aceptarlos y permitirlos.
  3. Acéptate a ti mismo, con las cosas que te gustan y las que no, con aquello que se te da mejor y peor, pero no por ello lo dejes de hacer, simplemente hazlo lo mejor que puedas y sepas.
  4. No te compares con nadie, ni contigo mismo en otro momento de tu vida. Ni tu eres esa persona, ni aquel que fuiste en un momento pasado.
  5. Observa de forma objetiva tus pensamientos, se consciente cuando aparecen y pregúntate qué pruebas tienes de que esto es así, de qué me sirve este pensamiento o qué es lo peor que podría pasar si realmente me equivocase en aquello que me preocupa.
  6. Agradécete a ti mismo cada día aquello que haces para ti, agradece a la vida aquello que te ofrece, a los demás aquello que quieren darte…
  7. Observa la realidad tal y como es, aun que no te guste; todos los días no son maravillosos, no puedes con todo, ni tienes que estar siempre alegre.

La verdadera felicidad no está en la perfección, en un gran trabajo, en cosas materiales ni en el prestigio; sino que aparece en el interior de cada uno de nosotros cuando podemos ver la realidad tal y como es, querernos tal y como somos.

Mireya Guirao.

Psicóloga en Proceso Terapéutico.